Hace unos días una amiga de CCM (una ONG que desafortunadamente ya no existe) me mandó una respuesta a la entrada de “El mito de la ciencia y el fin de los tiempos”. Algunas cosas me parecieron muy interesantes y consideré oportuno piratearle el mensaje. No lo había publicado antes porque desde hace unas semanas sólo entro al Interñé los güíquends y porque andaba en mis días (en realidad estaba leyendo unos papers sobre epistemología, escribiendo en chinga para una chubeca y arreglando la compu de uno de mis primos, pero da igual). Crispina dixit:
Recientemente hubo un cambio en mi vida grueso y decidí dejar las ciencias naturales, por las sociales, bueno, el equilibrio entre ambas. Entré al doctorado en educación ambiental, y eso de doctorado también lo dejo en entredicho, pues no por ello quiere decir que ahora ya sea intelectualoide jaja [nótese la pedradota despiadada], pero bueno, ahora trataré de trabajar con la gente, en lugar de los bichos.
El ensayo [sic; favor que me hace] que escribiste, sobre la ciencia y luego la posmodernidad me dejó pensando, pues creo también que hay un chorro de cosas detrás del científico.
Por un lado está la ciencia, que es promovida y pagada para fines específicos o desarrollada para algunos intereses... como por ejemplo, el de aquellos que están codificando el genoma del arroz, el trigo, el maíz. Detrás traen la beca de Monsanto, que patenta los genomas de sus variedades y, luego, al mandar a sus “monitores” a los campos de Chiapas o Guerrero, demandan al agricultor por utilizar sus variedades sin permiso, y no estoy hablando de sumas pequeñas. Son cientos de miles de dólares, cuando esas plantas se cruzaron por dispersión del viento de forma natural, sin que el agricultor pudiera hacer nada para impedirlo.
Creo que en este caso el científico podría haberse negado a recibir el apoyo... o no... o hacer otra cosa... o no. Creo que es justo ese punto donde muchos de los científicos no conocen, o no quieren conocer, el interés que viene detrás de aquello por lo que les están pagando.
Y en el otro caso, cuando es la propia motivación del científico, aquella que genera la ciencia, pues está Conacyt y agencias internacionales y las instituciones mismas, que también tienen el poder de rechazar, aprobar y, en cierto modo, darle la dirección a la ciencia que se va a realizar en un país, una institución, etc. Para ello, hay un consenso decidido por la gente, sobre la aplicabilidad de ciertos estudios científicos o no. Al final, uno puede ir feliz cuando le aceptan la beca en Conacyt, pensando que es libre de hacer lo que quiere, cuando en realidad ya hubo alguien que decidió por ti con base en ciertos intereses.
Después, el científico analiza, detecta patrones y los prueba. Para que después entre el ingeniero a aplicarlo como dices [en la entrada que menciono al principio], ya entra la tecnología, las necesidades o “demandas” de una sociedad a aplicar esa ciencia. El resultado del trabajo del científico puede tener implicaciones inmediatas para generar cierta información, pero es el uso y su aplicación lo que generan el contexto social de la ciencia.
Y finalmente está el otro caso, el mío, donde el científico piensa que hace una ciencia que tiene un impacto real en cierto tema. El cambio del que te hablaba fue justo la interiorización de que lo que estaba haciendo no era “conservación biológica”; era, tal cual, ecología pura y dura. Cuando aquellos que tienen decisión sobre el futuro de cierta especie son la gente, la comunidad cercana, mi trabajo ni siquiera revertía [¿repercutía?, ¿retribuía?] en la gente, no regresaba a aquellos que le dan uso al recurso, la especie, la planta. Se quedaba en un puro papel científico o, ni siquiera, en la compu... y que aquello que yo quería “ser” era la pura pantalla de un conservacionista, cuando en realidad, sólo hacía ciencia. Obviamente que después viene el güey de Semarnat a poner límites a la comunidad o prohibir ciertas prácticas, pero no lo hacía yo, lo hacían otros.
Y con esto no quiero entrar en más discursos... sino finalmente comprender que es el hombre, el que puede utilizar la ciencia para fines productivos, sociales, tecnológicos o propagandistas o llegar a generar armas de destrucción masiva... [Yada, yada, yada, sufragio efectivo, no reelección, come frutas y verduras, besos y abrazos, el Rutilo es puto]
Cris
La primera cosa interesante del mensaje es la crisis de la compañera ejidataria. Algo que viví de manera muy densa durante mi estancia en Letras (y que sigo viviendo casi cada día) es precisamente la misma crisis, pero vista desde las Humanidades. ¿Sirve de algo estudiar Letras y, sobre todo, sirven de algo los estudios literarios? Y con eso de “sirve” no me refiero a si puedo conseguir algún beneficio personal, como entrar al SNI, llegar a ser el investigador al que todos adulan pero que no aporta ni madres o ser catedrático y ligarme a mis estudiantes, sino a hacer algo de provecho para la cosa pública. En la entrada en cuestión sin duda dejé fuera esos pequeños detalles sobre si X sabe que lo que hace no es correcto o se hace de la vista gorda con tal de sacar tajada. Son detalles importantes detrás de la investigación científica, pero, ojo, también existen en Humanidades y a veces de peor y más vergonzosa manera.
Cuando iba a mitad de la carrera una de mis maestras nos “aconsejó” a todos los presentes en la clase, con un tonillo de complicidad, que, al investigar, buscáramos un tema que nadie hubiera estudiado antes, no para ser originales, sino porque “así, aunque sean malos, todos tendrán que citarlos por ser los primeros”. La “recomendación” me dejó sumamente deprimido y, al igual que Cris, pensé en cambiarme a un área mucho más productiva y, desde mi perspectiva, también científica. Justo acababa de regresar del Verano de la Investigación, en Michoacán, donde supuestamente estuve trabajando con una latinista. Pongo las cursientas porque, aunque la investigadora con la que estuve es excelente en su área, yo no aprendí nada. Y no aprendí nada porque 1) el Verano está mal organizado y 2) quería estudiar latín por las mismas razones que mi maestra nos recomendó investigar algo “original”, es decir, porque, a falta de latinistas en México, estudiar latín parecía un pretexto perfecto para colarme a una buena universidad en el extranjero.
A mi favor puedo argumentar que, en un país como México, la única forma de escalar socialmente es por medio de los logros académicos, aunque esos logros no beneficien a la sociedad y sean sólo puntos acumulados en algún programa de estímulos. Incluso puedo ser un tanto introspectivo o empático y decir que la miseria explica que alguien pretenda ser “investigador” para vivir mejor, pero nada justifica la actitud, ni la actitud cínica de mi maestra ni la mía, cuando quería estudiar latín.
Si las investigaciones científicas no rinden beneficios y pocos son los artículos que se leen, ¿alguien podría decirme cuál es la importancia de los estudios literarios cuando el objeto de estudio no le interesa ni al mismo investigador? Estudiar Letras sin duda sirve (o por lo menos a mí me ha dado muchas herramientas para articular mejor mis ideas), pero los estudios literarios, tuétano de la carrera, rara vez aportan algo. Si viviéramos en un mundo ideal, con recursos ilimitados, cada persona podría dedicarse a investigar lo que le viniera en gana, pero vivimos en un lugar con muchas carencias, así que, por mucho que me duela admitirlo, todos esos análisis que nadie lee sobre obras que nadie leyó bien pueden desaparecer, junto con su presupuesto. En otras palabras, si como humanistas no queremos propiciar que algún burócrata elimine nuestras carreras, entonces debemos hacer nuestra parte NO “INVESTIGANDO” MAMADAS por las que ni nosotros mismos damos un rábano.
Todo esto me lleva a señalar un error que se comete con frecuencia sobre la gente que estudia Humanidades pero que nosotros mismos cometemos con mayor frecuencia, al tratarse de un argumento recurrente a la hora de justificar la pertinencia del área. Ser un mejor ciudadano y retribuir a la sociedad, aunque suene a mensaje de superación personal, es algo que depende de las búsquedas personales o de los valores o del cristal con que se mira o de no sé qué factores. Estudiar Humanidades no hace a nadie más humano. No existe una fórmula sencilla y mágica del tipo
Y lo mismo se puede aplicar al arte o a la Alta Cultura, para que no se alucinen los que se las de sensibles o conocedores. Somos falibles, señoras y señores. La cagamos un día sí y otro también.
Cuando iba a mitad de la carrera una de mis maestras nos “aconsejó” a todos los presentes en la clase, con un tonillo de complicidad, que, al investigar, buscáramos un tema que nadie hubiera estudiado antes, no para ser originales, sino porque “así, aunque sean malos, todos tendrán que citarlos por ser los primeros”. La “recomendación” me dejó sumamente deprimido y, al igual que Cris, pensé en cambiarme a un área mucho más productiva y, desde mi perspectiva, también científica. Justo acababa de regresar del Verano de la Investigación, en Michoacán, donde supuestamente estuve trabajando con una latinista. Pongo las cursientas porque, aunque la investigadora con la que estuve es excelente en su área, yo no aprendí nada. Y no aprendí nada porque 1) el Verano está mal organizado y 2) quería estudiar latín por las mismas razones que mi maestra nos recomendó investigar algo “original”, es decir, porque, a falta de latinistas en México, estudiar latín parecía un pretexto perfecto para colarme a una buena universidad en el extranjero.
A mi favor puedo argumentar que, en un país como México, la única forma de escalar socialmente es por medio de los logros académicos, aunque esos logros no beneficien a la sociedad y sean sólo puntos acumulados en algún programa de estímulos. Incluso puedo ser un tanto introspectivo o empático y decir que la miseria explica que alguien pretenda ser “investigador” para vivir mejor, pero nada justifica la actitud, ni la actitud cínica de mi maestra ni la mía, cuando quería estudiar latín.
Si las investigaciones científicas no rinden beneficios y pocos son los artículos que se leen, ¿alguien podría decirme cuál es la importancia de los estudios literarios cuando el objeto de estudio no le interesa ni al mismo investigador? Estudiar Letras sin duda sirve (o por lo menos a mí me ha dado muchas herramientas para articular mejor mis ideas), pero los estudios literarios, tuétano de la carrera, rara vez aportan algo. Si viviéramos en un mundo ideal, con recursos ilimitados, cada persona podría dedicarse a investigar lo que le viniera en gana, pero vivimos en un lugar con muchas carencias, así que, por mucho que me duela admitirlo, todos esos análisis que nadie lee sobre obras que nadie leyó bien pueden desaparecer, junto con su presupuesto. En otras palabras, si como humanistas no queremos propiciar que algún burócrata elimine nuestras carreras, entonces debemos hacer nuestra parte NO “INVESTIGANDO” MAMADAS por las que ni nosotros mismos damos un rábano.
Todo esto me lleva a señalar un error que se comete con frecuencia sobre la gente que estudia Humanidades pero que nosotros mismos cometemos con mayor frecuencia, al tratarse de un argumento recurrente a la hora de justificar la pertinencia del área. Ser un mejor ciudadano y retribuir a la sociedad, aunque suene a mensaje de superación personal, es algo que depende de las búsquedas personales o de los valores o del cristal con que se mira o de no sé qué factores. Estudiar Humanidades no hace a nadie más humano. No existe una fórmula sencilla y mágica del tipo
Sujeto + Humanidades = Mejor Persona
Y lo mismo se puede aplicar al arte o a la Alta Cultura, para que no se alucinen los que se las de sensibles o conocedores. Somos falibles, señoras y señores. La cagamos un día sí y otro también.








5 comentarios, quejas o mentadas:
pues eso que ni que, era más que obvio qué no?, hay una sarta de papanatas que se dan sus infúlas de sabihondos y "mejores" personas porque son bien chingones y la manga del muerto pero pues bien dice el antiguo refrán: el hábito no hace al monje.
pero ya sabes que así todo en este mundo, el que se las da de mártir, el que se las da de santo, el que se las da de intelectual y hasta los que son más de lo que dicen ser, o sea los que se las dan de sufridos, de incomprendidos, en fin... pura rasgos patológicos con los cuales aprendemos a vivir, sólo es cuestión de discernir a que le entras y a que no.
por otra parte, en efecto, hay cosas que no "sirven" de manera práctica o redituable, claro está que un estudio literario sobre si la esquizofrenia se ve reflejado en los poemas de hölderlin, no tiene en ningún sentido en el mundo terrenal, pero en el mundo de las ideas sirve, para alimentar el alma, el espíritu, la conciencia y acaso es que aquél que se adentró a esas "mamadas" tenga la suficiente capacidad para igual aportar su energía a labores de enseñanza, de talleres de lectura, redacción, etc.
Es decir, estudiar letras, claro que sirve no sólo para articular ideas, sino porque se esperaría que esa gente preparada también sea creatica de programas, proyectos, que impulsen a la enseñanza o creación de X o Y o Z cosas que estimulen a los niños y jóvenes, porque cayendo en el cliché, claro que por supuesto que desde luego que sí son el futuro. Cuidas una planta para que crezca sana aunque como bien dicen, árbol que nace torcido, jamás su rama endereza.
Pero otra vez, así es esto del devenir y del hago o no hago, todo sirve, en mayor o menor medida, los nichos que afecta son diferentes y no todos son visibles, pero sin duda, aún quiero creer que todo sirve.
porque si no pienso eso, me da el patatus para la danza, porque pues, de qué sirve?, pero sirve, sí señor, yo tengo la firme idea de regresar a la carrera, no sólo por mi salud y gusto, si no porque creo que a través de los movimientos corporales uno sí aprende a conocerse, me gustaría hcer talleres con niños enfermos, que necesitan tanto cariño, y niños no enfermos también, porque enseña disciplina, coordinación, relaciones sociales, en fin... yo sé que tú no bailas porque tu perfil claro lo especifica, pero no es importa, tú estás en el área de las letras y eso, también sirve.
he dicho. jajaja
pero estoy segura que todo eso ya lo sabías jajajaja
nada más me dieron ganas de responder jo jo jo
interesante tu post
Pues justo el problema comienza cuando el investigador no hace el más mínimo esfuerzo porque su trabajo entre al mundo de las ideas, cuando ni puede ni quiere participar en ninguna discusión y sólo apila datos. En cuanto a lo de “alimentar el alma”, es algo que suena demasiado ambiguo como para que no sea la justificación de cualquier cosa: “No te interesa a ti o no le interesa a nadie, pero alimenta mi alma”, etc., etc. Sospecho que hay quienes le temen a la discusión porque saben que pueden ponerles una chinga (por aquello de que, en efecto, lo doctor no quita lo pendejo). Mira, si alguien hace una “investigación” sobre algo que ni a él mismo le importa, si escribe con un tono farragoso, si sólo acumula datos irrelevantes sin aportar una interpretación y el texto no resulta siquiera entretenido, entonces, ¿no es malgastar recursos?
sí sí lo creo
pero es que es eso jojo, no es alimentar MI alma, sino alimentar EL alma, de varios, de muchos, por eso tienes razón de que el problema es cuando no están interesados en APORTAR, que verdaderamente su trabajo entre al "mundo de las ideas"
pues sí, en efecto sí hay quien investiga mamadas.
ahh, eso me recordó a otr post jaja
saludos
Más te vale. :-P
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