Efecto Dulcinea

En el 2000 me hice un pequeño tatuaje con un tatuador de Guanajuato, quien llama muchísimo la atención por su extravagancia, su estilo punk y ahora, según me contaron, porque se tatuó la cara. Acudí a su changarro acompañado por una amiga, una tarde calurosa. Cuando llegamos al lugar y miramos a nuestro alrededor fue ella quien descubrió un retrato sobre alguna repisa. La foto era de una gringa sumamente fea, con un escaso estropajo amarillento por cabello y un estilo entre darketo y deslavado. Además, la pelafustana en cuestión estaba más que pasada de mayonesa, tanto que era más fácil saltarla que darle la vuelta.

Mi amiga tomó la foto entre sus manos para verla más de cerca y, con mucha naturalidad, le preguntó al tatuador “¿Es tu novia?” y el tipo, muy erguido y con la frente en alto dijo “Sí, es la mujer más bella del mundo”. Apenas estaba agarrando vuelo para carcajearme con todas mis ganas, cuando vi su cara. El tipo lo decía en serio, muy en serio. “Ah, eso es lo que llaman amor verdadero, eh. Definitivamente es ciego”, pensé de inmediato. Con el paso de los años y la experiencia he llegado a pensar que el efecto de enamorarse, en lo que toca a la percepción de la realidad en general, es similar sólo a ingerir grandes cantidades de alcohol o pegarse en la nuca contra el filo de una banqueta.

Una ñora

Claro que eso no lo pensaría sino hasta mucho después, cuando fui a un encuentro de lingüística, organizado por mi escuela. Ahí, durante unos segundos, vi a unos metros de mí a una jovencita que me pareció bellísima, es decir, bellísima según mis retorcidos gustos. No me acerqué y tampoco dije nada, pero regresé al día siguiente esperando encontrarla. Ella estaba ahí, en una ponencia a la que no puse atención, por estarla viendo. Pensé que era estudiante de otra ciudad u otra escuela, así que la cosa no hubiera pasado de ahí, de no ser porque algunos compañeros comenzaron a mencionar mucho a una tal Atenea, que estaba en mi escuela pero en otro turno y otro semestre. Hablaban de ella como si fuera una persona muy creativa, con muchas lecturas e incluso un par de publicaciones, así que dije “Inteligente, creativa, lectora asidua y con nombre de diosa griega. ¡A huevo es ella!”

A partir de ahí casi todo lo que pensaba o hacía comenzó a girar en torno a una idealización bastante rara. Digamos que ella, Atenea, pasó a formar parte de mi marco interpretativo, o sea, como que se me pegaron los cables con la imagen de esa mujer, así que la soñaba y la alucinaba en todas partes, además de que trataba de encontrármela en las fiestas, en las borracheras o en la calle, siempre infructuosamente. Incluso atormenté a muchas personas con mi obsesión a lo largo de varios meses. “¿Crees que Atenea me pele?”, preguntaba cada dos minutos. Víctor, uno de los amigos de Atenea (a quien nunca había visto con ella) me miraba siempre con una mirada extraña, como si estuviera enfermo de la cabeza, y decía “Sí, güey. Seguro te pela”.

No contaré todas las cosas que hice con la vana esperanza de que ella notara mi existencia, porque fueron muchas. Baste decir que la cosa cambió en una comida-peda de la escuela. Llegué al salón de fiestas donde fue el asunto y me aposté atrás de la barra. Ahí, con la excusa de destapar cervezas me dedicaba a buscarla entre las mesas. No estaba o no había llegado todavía o no llegaría nunca. Mientras seguía destapando las botellas y escudriñando a la concurrencia, una chava un tanto regordeta, en extremo caderona y bastante alejada de mis gustos caminó hacia la barra para preguntarme algo. Yo, distraído pero tratando de ser amable, le respondí y seguí buscando con la mirada.

Minutos después se acercó Víctor y me dijo “Ella es Atenea”. Yo, incrédulo, pregunté, “¿Quién, la de chamarra verde con la que estaba hablando?”. En ese momento tuve que replantearle las cosas a Víctor. Describí a esa mujer que traía entre ceja y ceja y él concluyó con un “Ah, ella. No güey, ni lo sueñes. Esos son altos vuelos. Nunca te va a pelar.”Seguir esta bitácora

17 comentarios, quejas o mentadas:

adriana dijo...

He estado midiendo todo el día y leer esto me animó la tarde. Te voy a mandar una foto donde sales muy bien para que la pongas en tu blog y te lluevan novias.

¡Besos!

a.

Di dijo...

Ayyy, mi corazoncito marchito y cínico se hace pasita... y yo hablando de la edad del anti-crush (stiletto-chronicles.blogspot).

¿Por lo menos va a seguir viendo su blog, o ya mejor nos guardamos nuestros comentarios?

Octavius dijo...

Sí, puedo ver mi blog y Blogger.com, únicamente. Todas las demás direcciones IP están bloquedas en mi compu, por cuestiones escriturientas.

Octavius dijo...

¿Y la foto, Adriana? :-P Mándala a Gmail. :-D

adriana dijo...

Primero la tengo que escanear... antes de eso tengo que traerla al trabajo, en donde está el escáner. También podría tomarle una foto, pero eso es bastante pinchurriento, o a lo mejor eso le da un estilo retro y resulta más atractiva. Usté dirá, aquí estamos pa' servirle.

Octavius dijo...

Oh, no os apuréis, Adriana. Estaré soldado a la compu durante algunas semanas, así que prisa no hay.

Michelle dijo...

Esa Dulcitenea, qué mujer debió ser durante los meses del "crush". Me identifiqué bastante con el post, tengo historias similares en la mochila. (: Así que me sacó la sonrisa del día.

Octavius dijo...

No sólo durante esos meses. Estuvo duro el banquetazo.

Parfum exotique dijo...
Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.
Octavius dijo...

jajaja
Shhhhhhhhhhhhh.

Octavius dijo...

El comentario de Parfum exotique fue eliminado por un exceso de palabras profanas.

Parfum exotique dijo...

Ya va reparado...

Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja y más jajajajajajajajajajajajajajajajajajaajajajajaja por la equivocación. Aún recuerdo tu cara de espanto al enterarte con quién habías confundido a tu diosa... Oh sí, ¡tiempos aquellos!

Octavius dijo...

Sí, sentí como si me hubieran pateado. :-S

Xcharemi Zusula dijo...

Ah, esa historia la he escuchado tantas veces de tantas bocas y ahora la vengo a leer... He estado tan metida en el asunto que me da más curiosidad la foto de la gringa jajajajaja deberías conseguirla.

Octavius dijo...

Supongo que la historia la escuchaste de todos menos de Atenea, digo, la verdadera Atenea. La foto a lo mejor sigue en el estudio de Felipe Podrido (así le dicen al tatuador, no es mi culpa).

Movimiento Geométrico Browniano.. dijo...

Bien, ya conocemos el punto de vista de Octavio, ahora sólo resta saber la reacción (impresión) de Atenea cuando conoció a Octavius...

De seguro también tenía cierta "expectativa" dada la fama del susodicho en la escuela.. jaja

Eso puede ser interesante y divertido...

Octavius dijo...

Sí, nunca lo había pensado de esa forma. Desde que me enteré de que Atenea no era quien yo pensaba, o sea, en el mismísimo instante en que me dijo Víctor, Atenea se convirtió en sólo una anécdota. Además, supongo que Atenea se acercó a hacerme plática porque algo le dijo el vampintor. Pero bueno. Dejemos el resto de la historia para otras entradas (como cuando me robaron la mochila, por andar en la baba), así que shhh.

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