Efecto Dulcinea II

Cuando Víctor me dijo quién era realmente Atenea y quién la mujer a la que había yo visto en el encuentro de lingüística, todas mis esperanzas, alimentadas por la confusión de nombres y mi cabecita enferma y fantasiosa, se hicieron pinole, al igual que mi dolido cucharón. Resulta que llevaba meses pirado por la güerquilla que tenía más pretendientes en la escuela, así que, casi casi había que hacer fila y pedir audiencia nada más para suspirar por ella.

Rato después de la impactante revelación, y todavía en el salón de fiestas, platiqué con la que ahora es mi asesora de tesis y le pregunté quién rayos era la susodicha (a quien llamaré “Q.”):

-¿Quién rayos es Q.? Me acabo de enterar de que Atenea es esa mona de la chamarra verde. Creo que hubo una confusión y en realidad llevo meses hablando de Q., no de Atenea -dije.
-Ah, Q., claro. Es una chava muy, muy inteligente y a todos les gusta. Es más inteligente que Atenea y más centrada. Me alegra saber que tienes buenos gustos -dijo mi asesora, sin disimular su gran alivio.
-¡¿Qué?! -intervino mi profe de retórica, tratando de hacerse escuchar sobre la música, desde el otro lado de la mesa (aparte de que está medio sordo).
-¡Me equivoqué! Me gusta Q., no Atenea -respondí, a grito casi pelado (también yo estoy medio sordo, por usar audífonos a todo volumen, como en este momento, que escribo estas líneas).
-Estás frito, güey -vaticinó mi profe, con toda la elocuencia que requería la ocasión.
-¿Cree que Q. me haga caso? -pregunté, para tantearle el agua a los camotes.
-¡Ni madres! Pinche enfermo...

Claro que su servidor ya había escuchado de Q. muchas veces. Incluso se me hacía sumamente raro que todos estuvieran loquitos por ella y no por... la supuesta Atenea. “¿Cómo pueden no fijarse en Atenea? ¿Son todos idiotas o qué les pasa? ¡Mírenla, mírenla! ¡Es la mujer más bella de la Tierra!”, pensaba, al igual que Felipe Podrido con su gringa, cuando lograba verla a lo lejos, deseando tener a la mano una espada, pa' destripar dragones o güeyes lanzados de panza. Y no era el único. Botellas se abrían y se vaciaban, fluía el mezcal, churros de mois se volvían humo y piedras de crack desaparecían en improvisadas pipas por culpa de su indiferencia... Bueno, por culpa de su indiferencia no, sino porque la banda era viciosa desde enantes, pero Q. era un buen pretexto para ponerse hasta el zonque y terminar en el piso, entre guacareadas y lamentos por tanto desamor.

Si creen que mi distorsión de la realidad disminuyó al enterarme de que Atenea no era Q. y de que Q. no era Atenea, sino que se trataba de dos personas distintas y diferentes, no de la misma ni de una sola, se equivocan. Antes bien, me convertí en parte de las hordas suspirantes, es decir, me uní a quienes desde lejos se dedicaban a fantasear con ella, sin, pobres perdedores, atreverse a más. En realidad no era para menos. Con tantos pretendientes, la competencia era feroz y las esperanzas nulas. ¿Cómo podía yo, pequeño e insignificante hijo de vecino, luchar contra la elegancia de, por decir algo, un Rafa? Estaba, en resumidas cuentas, en un hoyo del que no podía salir.

¿Por qué actúa uno como actúa en esos trances, sabiendo que la musa jamás notará la presencia de uno, simple mota de polvo flotando en el aire?

10 comentarios, quejas o mentadas:

Vero dijo...

Wow, yo me siento como una mota de polvo desde hace meses =(

Octavius dijo...

¿Meses nada más? Meh... Eso no es nada. ¡Sufre! ¡SUFREEEEE!

Michelle dijo...

Pues yo pasé6 años como mota, ¿con eso basta? (y los que me pueda hacer en el camino, porque seguro que vienen más)...

Por cierto, Q suena como la mujer maravilla eh, hermosa e inteligentísima (más que Atenea).

Xcharemi Zusula dijo...

Esta historia da para 3º, 4º y hasta 5º parte... como tú me dijiste este escrito no tiene NADA de CRÍPTICO, jajaja pero eso es precisamente parte de su encanto. Ahora dime, mi estimado Quijotillo ¿dónde quedan tus múltiples Sancho(s) Panza? y ¿cómo enfrentarás a los dragones?

Octavius dijo...

Michelle, a eso me refiero con lo de “efecto Dulcinea”. En algún momento dejas de juzgar de manera objetiva, nomás para que te restrieguen en la cara al club de fans y pretendientes.
Xcharemi, lo otro viene después de que NO me acosté con una sujeta porque, según yo, existía la mínima posibilidad de acercarme a Q. (aunque esa historia ya te la había contado a ti).

Di dijo...

YOOOOO sólo quiero saber dónde están los detalles sucios. Sin pasión desbordada y riesgo de ladillas, ninguna historia de tormentoso amor está completa.

Cuándo saldrá de su encierro cibernético?? Lo extraño!

Carolina S.C. dijo...

Tal vez cisticercos, o ¿será que a uno le gusta ser una simple mota de polvo? que va!

Octavius dijo...

Compañera Di, historias de ladillas (de dos patas) tengo muchas, no me conecto completamente porque estoy filosofando unos pedos muy profundos y contemplo la posibilidad de echarle carrilla por una de sus entradas.
Carolina, muchas veces decía algo parecido a lo de los cisticercos (por algo lo puse): “No me puedo concentrar y siento cosas raras en el estómago. Han de ser parásitos.” Por cierto, sí me desparasito cada cierto tiempo, así que no, no son parásitos.

Di dijo...

Compañero Ejidal,
Le dejo el recado aquí dada su misteriosa desaparición cibernética.
Me dieron la beca fulbrai!!
Cásese conmigo y vámonos al gabacho a estudiar!

Octavius dijo...

Mejor cómprese un guato de morfina y me invita, pa' “esperimentar”.

Publicar un comentario en la entrada

Recomendación: Esta porquería de los comentarios falla con frecuencia en todos los blogs. Por favor, una vez que hayas escrito tu comentario, ANTES DE APACHURRAR EL BOTÓN DE “Publicar un comentario”, selecciona el texto y cópialo, por si las moscas.