Como siempre, a falta de marmaja, salí de aventón desde San Luis, en compañía de mi compa el Dumbiol, quien además tuvo la amabilidá de pagarme el boleto del toquín. Nos tardamos unas cuantas horas en llegar, pero al final todo estuvo aceptablemente bien. Instalamos nuestra casota de campaña, descubrimos que las prometidas regaderas eran un mito, que toda la banda se metió al área del campin' sin pagar un peso (pendejos de nosostros, que sí pagamos) y que además el rave de toda la noche te daba pesadillas si no participabas en el punchis punchis.
Ojo: escribo esta entrada por una prometida venganza de quejarme en el interñé, no porque sea chismoso, pero fíjese, comadre, que el concierto fue "organizado", así, con comillas irónicas, por Green Piss, esa ONG de niños ricos y pendejos (como el Niño Verde). Aclaro lo de las comillas porque la "organización" fue pésima. Faltaron muchísimas bandas, no había ni botes de basura y todo te lo daban en platos y vasos de unicel. Pero eso no fue lo peor de todo. Que la basura del mentado festival vaya a rondar fantasmagóricamente por las faldas del Ajusco durante los próximos miles de años parece poca cosa comparada con lo que viene: ¡El cartón de chelas estaba en más de 1200 pesos! Sí, MIL DOSCIENTOS. Ni que fuera congal.

















