Puterías de muy altos vuelos

Parece que la clase hegemónica también ofrece sus quereres en Match. Eso sí, lo hace con todas las aclaraciones de rigor para evitar que nosotros, vil plebe rastrera, osemos entablar un diálogo de guiños con la crema y nata de la gente bien. La ventaja que ofrece ahora Internet a estos engendros es que se reduce el riesgo de la endogamia a la que están acostumbrados, de tener hijos con el primo o la hermana y, por lo tanto, nacer todavía más idiotas.
Para muestra, un perfil que me hizo reflexionar sobre el México en que vivimos:

BUSCO HOMBRES SUPER COOL, EDUCADOS, CULTOS, SIMPÁTICOS, GUAPOS Y FASHION, COMO YO [en realidad la tipa es burrísima; tuve que corregir todos sus errores para que fuera inteligible el texto]. SOY UNA VIEJA MUY GUAPA Y BUEN CUERPO.

Mi descripción

Lo que me gusta hacer en mi tiempo libre
Shopping, shopping, shopping. ¿Hay otra cosa? Ah, sí, claro, reventón, amigos, cenas, socializar, ponerte en el escaparate, vivir la vida divertida y sin pendientes económicos. Si no tienes no eres alguien, ¿no? Si te complicas por la situación mundial no eres mi tipo.

Mis lugares favoritos
E. U. A. Lo amo, el lugar que sea, ¡puras cosas OK! Cero nacadas.

Las cosas sin las que no puedo vivir
¡Sin dinero, noooo! Sin mis cremas, sin estrenar ropita, cosas y sin salir todos los jueves, viernes y sábados de antro o a bares; sin mi gatito Paris.

Un libro, una película, un concierto o una obra de teatro con la que he disfrutado recientemente
Fui a ver a Gwen Stephanie. ¡Guau! ¡Qué vieja! Me gusta el pop.

Lo que más y menos me gusta de mi trabajo
Trabajo con mi papá y hago lo que quiero ahí, pero me gusta tratar todo el tiempo con la gente en comidas o bares. Hasta ahí me puedo divertir

Algo más acerca de mis raices (sic)
Qué güeva escribir esto. Sólo quiero conocer babies súper lindos, linda imagen, bonita voz, presumibles, como yo, para estar en pareja y vernos súper lindos y tratarnos y ver si hay química.

Algo más acerca de mis creencias religiosas
Qué güeva llenar esto.


Algo más sobre mí
Me gusta lo fashion, lo moderno, ir de compras; que un hombre salga conmigo para lucirnos y tenga buena lana. Soy muy gastalona, aunque creo que es una inversión.

Me gusta que mi pareja siempre esté conmigo, que me mime y me complazca en todo. Si eres un güey equis, ñoño o naco, o clavado en el arte, lo social o la cultura ni me contactes. No hay por qué preocuparse por la vida de otros. Con la mía tengo mucho que hacer. Así que nada de pensar que todos somos iguales. Eso es mentira. Qué asco, ¿no? Me chocan los indios, los nacos. ¡Hay estatus! ¿No?

Sólo hombres guapos. La imagen es importante. Que sea paciente porque soy tardada en las compras. Soy bonita, buen cuerpo y linda cara. Eso de que la belleza es interior, obvio, ¿no? ¿De qué te sirve una vieja inteligente y cursi si está horrible?

Me tienes que gustar para que te conteste, así que no contesto si no hay foto.
Soy buena onda [sí, se le nota de lejos].

Y luego por qué se hacen las revoluciones...

De vuelta a la "civilización"

Acabo de regresar de cierto pueblito cuyo nombre no voy a mencionar. Y no, no me refiero a ese otro lugar en el que también estuve de pasada: Zacatecas. Como sólo estaré en San Luis un par de días, aprovecho para revisar los cientos de correos que me llegaron de amigos y parientes multimillonarios de la realeza africana a los que ni conocía, advertencias para no abrir correos con virus, que me hacen los mandados porque uso linux, y demás invitaciones para conseguir un doctorado con sólo enviarles el número de la tarjeta de crédito que no tengo ni quiero tener (y yo quebrándome la cabeza intentando desarrollar mi propia teoría del conocimiento).

En mi ausencia me encontré con algunas novedades. Tánger sigue viva, a pesar de mi negligencia, lo que me lleva a pensar que los gatos en efecto tienen quién sabe cuántas vidas o que mi hermano le dio de comer a tiempo. Obama ya es el candidato del Partido Demócrata y por la vicepresidencia va un fulano al que no me esperaba. Felicidades a los gringos y a ver si ya me perdonan la deportación de hace nueve años en McAlien para poder ir a Berkeley.

La casa de campo que me prestaron está muy chida, con un patio amplio, columpios y resbaladillas para recordar la infancia o fumarme un cigarro mientras contemplo las nubes. Si descontamos la soledad, las goteras y las pesadillas, que muchos encontrarían incómodas pero yo encuentro estimulantes, el lugar es perfecto para escribir o volverse loco de aburrimiento o miedo. Lo que ocurra primero. No tenía ni Internet, ni música, ni nada de nada, salvo unos cerros a lo lejos y mi lap (en realidad es de mi hermano, pero se la katafixié por mi caballo de batalla), así que ahora escucho unas rolitas de Pornophonique, mientras me da sueño para dormir en mi camita por primera vez en mucho tiempo.

Technotitlan


Algún fulano se tomó la molestia de actualizar un poco el nombre de esta calle que está por mi casa. Me imagino un par de esos gigantescos robots mecha, estilo serie japonesa, peleando al ritmo de unas chirimías electrónicas. Uno sería Mocte Z, tratando de salvar a los Aztebots. El otro sería Hispanion y junto a él sus aliados, los Tlaxcalticons.

Mujeres sospechosas

Entre los perfiles raros que he visto en Match (ya dejé de entrar a Parship, puesto que no es tan propicio para un estudio antropológico serio, como el que realizo), me he encontrado a algunas mujeres sospechosamente bellas. Lo extraño es que ninguna de ellas aclara mucho en cuanto al tipo de hombre que busca, a diferencia de las demás, que pasan de la especificidad a la exigencia fantasiosa, estilo Disney. ¿Cuántas de esas bellezas serán en realidad de las que, cuando llegan a notar tu presencia en la calle, lo hacen por error y con disgusto, como si fueras un accidente que afea el paisaje?

Las hipótesis para explicar este comportamiento no son muchas (o no se me ocurren más, por el momento):

1) Son democráticas. Lo mismo te las encuentras en un espá en Europa que avanzando codo con codo con una ñora de rancho en una marcha de López Obrador.

2) Son mujeres que, por estar tan cerca del arquetipo occidental de belleza, han descubierto tras una larga reflexión filosófica que la belleza no lo es todo. Éste es el tipo de mujer con el que soñamos los feos.

3) Son mujeres que cultivan su apariencia y su físico porque les gusta ser halagadas (muy probable en muchos casos, según yo).

4) Son mujeres que cultivan su apariencia y su físico porque de eso viven... Y aquí no me gustaría meter en el mismo costal a todas las mujeres que venden su imagen, pero las prostitutas están entre ellas, sin duda. Aunque, claro, venden más que su imagen.

Sólo hago una observación, no es que sea moralino, pero sería muy tonto pensar que los servicios para buscar una pareja en serio no sean también un lugar adecuado para la prostitución (¡Ave María Purísima!). No me refiero solamente a la prostitución del tipo tú me pagas, hacemos esto y aquello y ¡neeeext! También hay prostitución a largo plazo, con boda por la Santa Iglesia, hijos y nietos. En estos sitios abundan los hombres solos, por lo menos de clase media y relativa educación, o sea, clientes fáciles con algo de dinero.

Si alguien es feliz con prostitutas (os) o prostituyéndose, pues allá él o ella. Además, el tema de la prostitución lo dejo para más adelante, cuando exponga mis planteamientos paranoides sobre algunas rubias. Por supuesto, falta la quinta hipótesis, que más bien va doble porque soy generoso:

5) Nacieron hombres y entienden nuestra torpe masculinidad o, casi seguro, son muy taimadas y se aprovechan de nuestra llana estupidez.

Reflexión seria y profunda sobre la escritura

A veces pienso que es mucho más fácil andar con una modelo despampanante y estereotípica, como salida de un comercial de cerveza, que encontrarse a una mujer, y a cualquier persona en general, que sepa escribir sin errores. No me engaño. Sería un error juzgar a la gente desde mi profesión, pero hay cosas que observo en los textos ajenos.

Una buena redacción en muchos casos revela que la persona proviene de un entorno en el que se considera muy importante el capital cultural o que, en algún momento de su vida, descubrió que dicho capital es valioso, independientemente de si esa persona fue obligada a escribir bien o aprendió impulsada por el ejemplo de otros. En cualquiera de los casos, la preponderancia que se le da al conocimiento a través de las generaciones permite que los individuos adquieran, desde pequeños, las herramientas para defenderse en un mundo cada vez más sofisticado. Buscar pareja basado solamente en la apariencia (y no digo que no sea importante a su modo) implica el riesgo de caer en el proverbio de “Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero”. Escribir bien, además, refleja un tanto la complejidad de las estructuras mentales de la persona que escribe.

No digo que una buena redacción sea algo más que un signo de cultura e inteligencia (y sin duda es un excelente indicador, si bien no es el único). Escribir bien da ventajas, y muchas, pero no hace a nadie mejor persona. Incluso la alta cultura puede llevarte a lo contrario, a un ostracismo lleno de intolerancia elitista. (Confieso haber caído en esos extremos en algún momento.) Se puede escribir de manera impecable y ser un perfecto imbécil. La historia da muchas muestras de sujetos cultos y “sensibles” en el plano artístico que se sienten con el privilegio de soslayar toda responsabilidad social, de ejercer un gran desprecio sobre sus congéneres o de ser unos pendejos hechos y derechos.

A pesar de todo, no hay motivos para renegar de la cultura y la educación. Un lenguaje rico permite apreciar aspectos de la realidad que de otra forma pasarían desapercibidos, incluyendo nuestra relación con el otro. La cultura en efecto ayuda a alejarnos de la barbarie, pero sólo cuando va acompañada de la solidaridad.