En esa pequeña y distorsionada película que nos pasa a todos por la mollera, usualmente el malo es otro, el perro gandalla, el que actúa incorrectamente, el pasado de veras. Uno es el que hace las cosas siempre bien, el centro del Universo y ranchos aledaños, el que lo merece todo, muy rara vez el antihéroe. Cualquiera que sea el caso, el chido del güéstern es uno (o una, según los genes), con razones sobradas para ser así y no de otro modo, menos infumable.Muchos se preguntan cómo alguien antiautoritario se las arregla para ser ético, tener una moral y todas esas cosas que, según algunos despistados, sólo vienen con la religión o valores que la mayoría dice tener, aunque no existan charras más descaradas. La verdad es que se puede ser muy antiautoritario y a la vez éticamente rígido. Por supuesto, lo contrario también es posible: Se puede ser un moralino ultraconservador y exudar caca 100% pura.
En un país como México, donde pisotear a los más débiles es parte de la idiosincrasia, rayando en el deporte nacional, la violencia parece cosa dada y la gandallez algo aceptable, provechoso y hasta bienvenido, por aquello de que "el que no tranza no avanza". No creo en el karma ni el justicia divina, pero sí en las pequeñas revanchas que pronto se acumulan y te hacen pinole, si bien no es el miedo a las acciones ajenas lo que me inclina hacia cierto grado de tolerancia. En lo personal -ahora- prefiero dar el beneficio de la duda a quienes acabo de conocer. No es un método perfecto, pero la cosa funciona para dejar en paz a los que no me la deben.
Sabotaje hormiga
Cuando viví en Dallas de mojado tuve varios trabajillos de mucho esfuerzo y poca ganancia, de esas chambas sin futuro que los angloparlantes a veces llaman McJobs, por aquello del payaso rata de las hamburguesas. Entre esas chambas hay una en particular que recuerdo siempre como un ejemplo de la explotación y cómo se las cobra uno, cuando no queda de otra.
Junto con un primo y otro compa de Guerrero que rara vez hablaba (aunque compartíamos el depto con él), estuve unas 15 noches en una fábrica de bolsas que le trabajaba a Wal-Mart. Pues bien, o los idiotas de Wal-Mart llevaban sus tácticas esclavizantes de sweat shop hasta el nivel de sus maquiladoras o los contratistas simple y sencillamente cojeaban de la misma pata. El trabajo no era complejo pero sí pesado y había que hacerlo como si te pagaran el triple: acomodar los montones de bolsas calientes que salían por una banda, meterlas en cajas, apilar éstas y envolverlas todavía en más plástico para que se las llevaran los montacargas.
La otra parte del trabajo era la del control de calidad y consistía en jalonear con fuerza una bolsa cada tanto tiempo y de una forma determinada, para comprobar que todas las demás fueran resistentes.
Aunque parezca sencillo, el trabajo resultaba agotador y el único descanso era cuando alguna máquina dejaba de escupir bolsas calientes por algún desperfecto. Además, el trato era intolerable. Los mecánicos, unos anglosajones que se la pasaban fumando y trabajaban sólo cuando había problemas, nos ignoraban casi todo el tiempo. El capataz, un mexicano, se encargaba de hacerle la vida difícil a todos para que se fueran lo más pronto posible, sin generar derechos. La mayoría de la gente sólo cobraba su primer cheque y no volvía por ahí, así que quienes llevaban unas semanas en el lugar se ganaron de inmediato nuestra admiración y lástima.
Con esas condiciones, pronto mi labor se transformó en una pequeña venganza. En lugar de asegurarme de que las bolsas quedaran bien, el control de calidad se convirtió en una forma sistemática de asegurarme de que las bolsas se desfondaran con el menor peso posible sin que se notara su pésima hechura. Cada vez que ponía una caja sobre otra me imaginaba a alguien saliendo de una tienda con sus bolsas llenas y cómo se rompían a medio camino entre la caja y el estacionamiento.
Mi intención era que esos miles y miles de bolsas rotas se tradujeran en cientos y cientos de quejas contra la cadena de tiendas, que a su vez tendrían que traducirse en por lo menos una queja contra la fábrica. Así, tendrían que poner más atención a sus trabajadores, so pena de perder el contrato con la cadena. En realidad me las cobraba de manera inocente y el punto tiene que ver más con la mentalidad que con las acciones (antes de que me pendejeen).
En estos tiempos en que las grandes compañías se valen de las maquiladoras para cada fase de su producción, nunca se sabe en qué parte del mundo alguien, por resentimiento y con una negligencia bien calculada, no pondrá esa pieza pequeña y aparentemente ínfima, pero imprescindible, cuya ausencia le causará problemas a algún desconocido en el otro lado del planeta. Lo mismo te quedas sin mayonesa porque se te rompe la bolsa de Wal-Mart, que se desintegra en pleno vuelo el fuselaje del avión en el que viajas porque alguien decidió pasarte la factura.






5 comentarios, quejas o mentadas:
aaaaaaahhh!! con que tú fuiste!
jeje. Tuve un destello de empatía. Nunca he trabajado en esas condiciones, pero sé lo que se siente la llamada "venganza del débil"
Fuertes declaraciones, eh!!! Por un momento quise acuchillarte, años atrás compré un delicioso jugo de manzana (bastante caro)contenido en un envase de vidrio. Lo divertido de todo, no fue el circo que hice para convencer a mi madre de comprarme un jugo tan caro (y que para ella no valía la pena, aunque fuera orgánico, cien por ciento orina de el Papa o la vacuna contra el VIH...) sino que al bajar la bolsa en la que estaba tan preciado jugo... se rompió... junto con ella el jugo y mi corazón... Ahora, años después, puedo decir que tu venganza debió ser dulce, en cuanto al jugo, no sé qué decir, pues ni lo probé... Jajajajaja Saludos Pesci. Atte: Xchare.
CORRECCIÓN: no se rompió el jugo, sino el envase y el preciado elixir se derramó junto a mis lágrimas, jajaja. Ya sabes, de repente se me va el avión. Una que sigue estudiando letras no puede dejar eso sin corrección. Atte: la misma loca, Xchare.
En realidad la foto que has puesto no es intencionada?
Me parece que dá en el clavo.
La esclavitud y campo de concetración(fábrica), reflejada perfectamente en esas marañas de puas, con las bolsas a un lado rasgadas y despedazadas con el fondo del cielo azul (escape a la libertad).
Me encanta.
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