Ocasionalmente me preguntan con suspicacia mal disimulada por qué sigo escribiendo estas cosas o si ya encontré a mi musa intelectual o me
reclaman y regañan para que me dedique a asuntos de mayor envergadura curricular y, en general, que enderece mi vida, con algún empleo en la nota roja del San Luis Hoy o repartiendo Yakult, por lo menos. Si no, me incitan a salir de mi cuarto para que me fustiguen los rayos del Sol, con su cegadora, ultravioleta y cancerígena luminosidad. La verdad es que todo empezó como una búsqueda bastante romántica en Parship, es decir, ñoña e ingenua, lo que duró poco. Pronto caí en las garras del portal notificcioso TheOnion.com, que ofrece otro servicio de encuentros de pareja.
reclaman y regañan para que me dedique a asuntos de mayor envergadura curricular y, en general, que enderece mi vida, con algún empleo en la nota roja del San Luis Hoy o repartiendo Yakult, por lo menos. Si no, me incitan a salir de mi cuarto para que me fustiguen los rayos del Sol, con su cegadora, ultravioleta y cancerígena luminosidad. La verdad es que todo empezó como una búsqueda bastante romántica en Parship, es decir, ñoña e ingenua, lo que duró poco. Pronto caí en las garras del portal notificcioso TheOnion.com, que ofrece otro servicio de encuentros de pareja.Una vez perdido el miedo a andar por estos rumbos cibersexosos, dije "si el sitio es de parodias, de seguro las chavas que se anuncian aquí han de tener un sentido del humor bastante desarrollado". En otras palabras, pensé que si el sitio era irreverente encontraría una pareja irreverente. No podía estar más equivocado. Lo que hicieron los fulanos de La cebolla, tan pronto como les pareció rentable, fue vender mi información personal a otros sitios todavía más oscuros, así que mi nick, por si alguna curiosa del Match lo googleaba, aparecía en "Men seeking men in San Luis Potosí".
Mi primera impresión fue de asombro, luego de enojo, después fui por unas donas a Soriana, luego me enojé otra vez, mientras masticaba furiosamente alguna especie de venganza.
Una vez mancillada mi ultrasecreta y urgida identidad, no me quedó de otra más que atacar con un acto de contrainteligencia, en toda la extensión de la palabra, que fue lo más insensato que se me ocurrió. Abrí este blog, pensando que casi nadie lo leería, con la intención de sobrepasar la publicidad del mentado sitio con mi propio contenido. Para rematar, regué un montón de pistas en Internet, incluyendo un mapa de GoogleEarth que mañosamente falla por cincuenta metros para que vayan y madreen o ejecuten a unos vecinos cumbieros y violentos, que me miran feo cada vez que traspaso los límites de su terruño. Así que ya saben dónde hacer cualquier reclamo: no donde se escuche algo de Trip-hop o jazz. Vayan a donde suenan las guachachacas colombianas.






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